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En Venezuela la solidaridad, creatividad y la esperanza se abren paso entre los escombros.

Fotografía cortesía de Mensajeros de Paz
Fotografía cortesía de Mensajeros de Paz

El pasado 24 de junio de 2026, dos sismos de gran magnitud sacudieron de manera consecutiva Venezuela. En las horas inmediatas el cerco comunicacional impidió incluso a los mismos venezolanos saber en el momento lo que ocurría, llamadas desde fuera del país comenzaron a alertar en los estados no afectados que había un terremoto en curso. Pasados los primero minutos comenzaron a liberarse imágenes en redes sociales especialmente desde las áreas con conectividad reseñando el desplomé de edificios en Caracas.


Para quienes se encontraban al interior del país fueron momentos de angustia, al no lograr contacto con familiares y amigos en la franja donde los servicios de sísmicos de Colombia y Estados Unidos comenzaron a ubicar los epicentros. Rosmira Castellanos en Táchira (con dos de sus hijas en Caracas) solo logró comunicación cerca de las 11 p.m. El panorama era similar para el resto del país.


Mientras las noticias se difundían sobre las afectaciones en Caracas, más cerca de la zona costera del país en La Guaira, sin electricidad y con las líneas de comunicación caídas no se dimensionaba aún la magnitud del desastre. Pocas imágenes de viajeros que en el momento se encontraban en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar en Maiquetía, mostraron las dimensiones de los movimientos telúricos.


En apenas horas los sobrevivientes, cuerpos de rescate y policiales cercanos comenzaron a levantar los escombros con premura en búsqueda de liberar la mayor cantidad de vidas atrapadas; familiares, amigos, ciudadanos de a pie comenzaron la carrera por llegar a sus edificios, a las calles conocidas que ya no tenían el mismo rostro. Allí fue cuando se entendió el estado de desprotección máximo al que nos enfrentábamos, las manos no podían con las lozas y se dio paso al llamado de picos, palas, linternas y baldes para retirar escombros. Una población sin recursos buscaba la vida en medio de la oscuridad y el desamparo.


Desde entonces las personas en Venezuela y fuera de ella se han desbordado en solidaridad, ha sido una lucha frenética por llevar ayuda, más de 25 países con sus grupos de rescatistas se han hecho presentes en Venezuela, todos los rincones están llenos de puntos de acopio, personas que han puesto a disposición motos, carros, gandolas para movilizar recursos, la industria aeronáutica del país (una de las que ha contabilizado importantes perdidas humanas) ha puesto a disposición sus pilotos, aviones y recursos para vuelos humanitarios. Personas que han perdido viviendas y sus familias se han quedado como voluntarios en las zonas en ruinas.


La creatividad no se ha hecho esperar, cuadrillas de inspección de edificios,

bots de búsqueda de familiares, plataformas online para registro de ingresos a hospitales, plantas de agua dispuestas en centros comerciales, hospitales de peluches para enviar suaves acompañantes a los niños, escuelas de gastronomía convertidas en centros de preparación masiva de alimentos, motorizados con antenas satelitales y cargadores para llevar puntos de comunicación, personas que movilizan maquinaria desde otras partes del país y del mundo, familias que colocan al servicios galpones y sus casas para quienes deseen bañarse, comer algo caliente y no tienen donde hacerlo, para cada dificultad se ha encontrado una solución y esto ha permitido que hasta siete días después del primer movimiento de la tierra, se siga abriendo paso la vida.


La probada solidaridad y resiliencia venezolana ha movilizado a un país entero y al mundo hacia la esperanza de hacernos más humanos, más fraternos, de caminar juntos ante la adversidad. El dolor nos sacudió, pero la solidaridad nos puso en pie. La emergencia sigue activa y cada minuto cuenta para salvar una vida o reconstruir un hogar. No te quedes como espectador de este deseo colectivo. Actívate hoy en el punto de acopio más cercano, dona lo que esté a tu alcance y sé parte de la fuerza que está levantando a Venezuela de entre los escombros.


Puedes escribirnos a proyectoescuchamostachira@gmail.com y te decimos como donar desde donde te encuentres.


Texto de Andrea Leal

 
 
 

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